Duendecillos
Imagen muy especial de una galería muy especial: En el río.
/ Very special image from a very special gallery: By the river.
Imagen muy especial de una galería muy especial: En el río.
/ Very special image from a very special gallery: By the river.
Enlazo varios fragmentos que escribí a lo largo de los años, con la esperanza de que arrojen algo de luz adicional a lo ya dicho y mostrado. Creo que incluyen reflexiones de interés para la radiografía del autor.
De la naturaleza del arte
Toda expresión verdaderamente artística es un acto de comunicación, un esfuerzo por comunicar. La obra no nace terminada, sino que se ofrece al mundo para su culminación. Es en este proceso donde emerge la distinción entre lo que es arte y lo que no, pues mientras que este se limita a redundancias y a la mera exposición, banalizando la emoción, aquel se expande en resonancias que persiguen al sujeto receptor a lo largo de las múltiples facetas de su yo. El arte no se contenta con la distracción, sino que complementa y hace partícipe de la unidad de lo existente al que contempla, promoviendo la conexión espiritual, si se quiere, entre obra y sensibilidad.
De ahí la naturaleza viva del arte, pues requiere de este esfuerzo comentado a la hora de llegar al fondo del abismo, que empezó siendo la inquietud insobornable del artista para convertirse en la conciencia misma del sujeto, tanto más rica cuanto más variada sea su dieta y mayor su predisposición a dilucidar la esencia de las cosas que desfilan ante él.
En Algo florece encontrarás algunas imágenes muy inspiradoras.
/ In Something Blossoms you will find some very inspiring images.
De mis imágenes favoritas. Pieza clave de Naturaleza y esplendor.
/ One of my favourites images. Key piece of Nature and Splendour.
Un poema de Perdona que sea casi todo:
(leer en pantalla grande o girar el móvil)
Resulta intrigante de verdad, el poder fijador de las imágenes. Uno nunca llega a acostumbrarse.
Están los espejos, también los reflejos imprevistos, pero la imagen congelada, el retrato a traición o incluso el fingido, desarma. O rearma, según se mire. Da ilusión de consistencia, de solidez, de permanencia; de batalla ganada contra el tiempo, que todo lo arrasa, sobre todo los intentos de coherencia que, torpemente, nos proponemos implementar en este caos sin estructura que llamamos nuestra vida… Mira la angustia, el empeño, la desesperación por mantenerse ahí, en el instante preciso, por encima de todas las cosas y vivo, muy vivo, en cada pliegue y recoveco que esconden, asombrosamente, las cosas, si las escarbas.
Veo a la gente correr con lengua fuera hacia aquel marco que establece lo que existe y lo que no tiene constancia suficiente para ser. ¡Nadie quiere no ser nadie! Y se hacen fotos. Nos hacemos fotos. Pedimos fotos. Ansiamos fotos. Las necesitamos. Toda esta cultura del llegar tan de improviso y la sonrisa siempre a punto, no vaya a ser, fíjate bien, nos echan una foto y existimos. No es nada nuevo, yo ya lo sé, pero es intrigante de verdad, el infinito poder fijador de las imágenes, sus atavíos recubriendo realidades muertas que se dicen bautizadas por la luz del flash, por el eco silencioso y adictivo del momento de hacer clic, clic, estoy aquí, clic, clic, estuve allí, clic, clic, ¿subsistiré? Miro la foto resultante y me sonrío. Esto soy yo…
Hace algún tiempo las personas recelaban de la cámara, temerosas de que esta les robara el alma o la sustancia. Hoy ocurre justamente lo contrario: el alma es un constructo que, poco a poco, vamos modelando, con cada nueva imagen. Es la obra de una vida congelada.
