Atrapa el pez dorado
Feliz 2026.
Feliz 2026.
¿Por qué estoy enlazando más palabras? ¿Por qué no callar y dejar que las imágenes se expresen? Porque mi amigo P me pidió que hablara del proceso creativo o la escritura en general. ¿Y qué decir? Digamos que en mi caso hay siempre un algo ambivalente y peligroso en el acto de crear. Todo empieza con la intención o la ilusión de fijar la realidad, darle un orden o un sentido, establecer una narrativa que, evidentemente, la vida no tiene. Lo que podría ser un objetivo inocente deviene obsesión, y se corre el riesgo de ser absorbido por el monstruo, la criatura o incluso el dispositivo que debiera ayudarnos a mirar. Lo que nació como respuesta a la ceguera se acaba imponiendo, nos ciega por su parte al devenir cotidiano y superfluo de las cosas; nos resta funcionalidad, si se quiere… Es triste, pero inevitable, diría. “No se puede vivir entre dos mundos, hay que elegir” – confesaba yo en un poema, allá por 2016. Y sin embargo, sigo eligiendo volver, a pesar de los pesares, como la primavera de Neruda. Contra todo pronóstico, años después, he resucitado. ¡Aleluya!
Llegó la primavera y veo la luz como hacía años que no la veía, como si acabara de nacer, con la ilusión de un niño. No sé cuánto durará esta epifanía, pero he aprovechado para crear una nueva galería que iré alimentando. Como ya dije, ahora estoy fotografiando con el móvil, de la manera más sencilla posible, sin filtros ni edición salvo algún leve retoque si hace falta.
Nueva serie. Últimamente estoy simplificando bastante mi aproximación a la fotografía. Las siguientes imágenes son de esta misma mañana. Lo «único» que he hecho ha sido pasear por el cementerio 50 minutos, hacer unas cuantas fotos con el móvil, seleccionarlas (a conciencia) y ordenarlas. (+)
Voy a decir algo. Por el mero gozo de decir. Un pensamiento en voz alta. Intentaré ser claro y respetuoso. No hay verdad absoluta. Solo es mi experiencia.
Siempre he tenido tendencias depresivas, una propensión a la melancolía, una nostalgia de no sé qué. Me gusta estar triste, lo admito, me parece que enriquece y resulta casi evidente que el poder creador de la tristeza es superior a la alegría. Por lo menos en el arte. Nada de esto ha cambiado. Yo no he cambiado. No de manera profunda o estructural. En cierto modo, considero que estamos diseñados de antemano, perfilados, si se quiere, y luego ya nos vamos moldeando o disfrazando como buenamente podemos (porque no siempre querer es poder). Sin embargo, lo que sí ha cambiado es el enfoque, forzado quizá por la falta de tiempo y espacio: ya no me miro tan adentro ni tan a menudo. ¿Me gustaría? Sí. ¿Lo echo de menos? También. ¿Es necesario? Hace años habría dicho: es esencial. Pero no lo es. La vida es mucho más sencilla de lo que nos pensamos. Y digo bien, “pensamos”. Por pensar estamos donde estamos: atrapados. Hemos mitificado en exceso el supuesto raciocinio, la psicología, la complejidad. Yo me pregunto: ¿cuánto de pose hay en tus abismos? Quizá tu camino interior debería empezar por ahí. ¿Estás verdaderamente desesperado o quieres estarlo? Suena muy fuerte, ya lo sé, trato de rasgar un poco el velo del malditismo. Reformular las reglas del juego.
Ahora que me animé a fotografiar con el móvil, aquí va un proyecto que llevaba años rondando mi cabeza.
Nueva galería: Días de niebla.
Desde que tuve hijos, la cámara (como ente físico), la fotografía (como ente abstracto), y aun el arte en general, pasaron a un segundo plano ante mi incapacidad para lidiar con todo. En la vida hay que elegir, me temo, y llevaba casi 4 años sintiéndome mutilado espiritualmente ante un silencio forzado pero necesario. Recientemente, sin embargo, contra todo pronóstico, por un capricho del azar me animé a avivar la llama, aprovechando un día nublado y ese móvil en el bolsillo que a todos nos acompaña y que normalmente utilizamos de manera indiscriminada, sin dar sentido a lo que vemos o creemos capturar, casi con desidia. Debo decir que estoy muy feliz de haber «vuelto», aunque aún estoy muy lejos de quedarme. Lo cierto es que me debía a mí mismo este perdón, este humilde manifiesto redentor para los años transcurridos. Necesitaba en lo más hondo decir algo, tontear con lo esencial y lo que he sido. Rebelarme contra la angustia y celebrar: el tiempo pasa… la vida sigue. Estad despiertos. Todo es vigilia. No nos olviden.
/ New gallery: fog days. Shot with my mobile phone.
Un poema de Perdona que sea casi todo:
(leer en pantalla grande o girar el móvil)
