Berlin

En el Berlín que yo he visto (y fotografiado) casi sin querer, las estatuas y murales son más vivos que los vivos, resuenan sus acordes congelados por encima del bullicio y a través de las galaxias; nos señalan con el ceño algo fruncido y nos cuestionan: ¿dónde está la vida? ¿Es una araña iluminada por la noche? ¿Un oso de peluche que flota a la deriva? ¿Es hoja amarillísima o es rosa abandonada? Mira las estatuas y murales y vacíos, están contando historias de fugacidad mientras las gentes se recrean en pantallas diminutas (cualquiera lo es, enfrentada con la inmensidad del mundo); se saludan y se esquivan sin hablarse, cual murallas grises de silencio… Y, sin embargo, hay luz inesperada, hay ventanas y reflejos y parejas que se besan tras el largo día que se acaba. Ahora y siempre.